¿Se puede volver a la vida en tierra infértil?
¿Se puede florecer en medio de la lava? Donde el viento que va de prisa, arranca con furia las raíces. Entre las sombras que cubren de escarcha los jardines.
Renacer desde las cenizas. La muerte como espectáculo de fuego, de luces y de humo chispeante. Regresar para ser otro. Transformarse con la esencia del pasado.
¿Se puede seguir siendo el mismo?
Al transformarse, el ave que pierde su plumaje, se deforma. Las grietas se asoman, descomponiéndose en vida. ¿Tendrá noción de lo que era antes? ¿Recordará los amaneceres de la infancia, los juegos entre árboles, los primeros vuelos y aquella ocasión en donde llegó tan alto que casi durmió entre las nubes? La transformación no implica la falta de memoria. La pérdida es ganancia.
La espera es parte del proceso.
Volver a mi pasatiempo predilecto. Al proyecto que me contuvo en otros tiempos. Ahora que la vida ha cambiado, por fin ha llegado el tiempo de desempolvarlo. Me he leído, con ojos prestados, lo que suponía una imagen en el espejo, ya no es figura mía. No son mis pensamientos, ni mis palabras de hoy en día.
Pero ahí estoy, entre comas, puntos y acentos.
Son tiempos oscuros, para quienes gustan de las palabras y más por estos medios. Regresar es saberme desprotegida, entender que seré parte de un eco. Que arranca y que roba. Que construye a partir de retazos de otros, un Frankenstein del pensamiento. Pero, para enfrentarse a este nuevo monstruo de mil cabezas, conectadas por sintaxis aritméticas, es necesario dejar las estructuras, regresar a la libertad del caos hecho verso. La poesía, la prosa y la metáfora. El doble sentido y el albur.
El caló y la jerga cotidiana.
Ahí donde la predicción se equivoca, en medio del error al hacer pausas innecesarias, usar verbos de adjetivos, decirlo todo, pero no de frente y mucho menos en el texto. Permitir al lector que interprete, que me entienda a partir del espectáculo de mi propia muerte.
¿Lo ves? ¡Ahí está! La cría florece, desempolvando ya sus alas, con la mirada de quien reconoce el inicio de una nueva etapa. De la ingenuidad de un novato, nacen las chispas que encienden las estrellas. Incienso del cosmos, quemando pergaminos milenarios. El llanto que lo cura todo. Y el polvo que se torna violeta.






